Muchos se preguntarán por qué tiene que ser vino tinto y no otro tipo (rosado, blanco, espumoso). Las razones son variadas.

Para ello, mejor saber un poco más sobre esta bebida.

Se elabora con el mosto de uvas moradas, las cuales se recogen de la vid en el proceso llamado vendimia.

Los racimos se pueden recolectar a mano o con tijeras, y también con máquinas especiales.

Los vinos selectos tienen un proceso más manual y casero, desde la plantación y cuidado de la vid, pasando por la recolección, el transporte y la confección.

La elaboración del vino se lleva a cabo mediante la maceración, luego el prensado, la fermentación, el trasiego, la clarificación y el embotellado.

Otra de las razones por las que el vino es bueno para la salud es debido a la cantidad de polifenoles que presenta (que provienen de la cáscara y las semillas de las uvas).

Entre las propiedades de estos destaca la protección del corazón. ¿De qué manera? Eliminando los radicales libres.

El vino blanco, por ejemplo, se realiza con la pulpa solamente, por ello no contiene estas sustancias.

Según la variedad de la uva, la cantidad de sol y el terreno donde crecieron los racimos o la concentración alcohólica, tendrán más o menos polifenoles.

Características de un buen vino tinto

Si bien hay muchas personas que afirman que no hay buenos ni malos vinos pues todo depende de lo que a nosotros nos guste. Sin embargo sí existen determinadas características que nos pueden ayudar a determinar si un vino tinto es bueno. Los vinos tintos tienen cinco características básicas: dulzura, acidez, taninos, fruta y cuerpo.

La dulzura o nivel de sequedad en un vino está determinada por el azúcar residual que queda después de la fermentación. Esta característica la puedes percibir a la vista en los bordes de la copa de vino, entre más dulce es más viscoso. Al gusto se percibe en la punta de la lengua como una ligera agitación que pasará a ser una textura oleaginosa en el centro de la lengua.

La acidez está determinada por las condiciones climáticas de la zona donde se sembró la vid. Esto puede variar de un año al otro haciendo al mismo vino, pero de una diferente cosecha más o menos ácido. Entre más acidez presente, será un vino más ligero, ahora si prefieres un vino con más cuerpo, un vino con poca acidez es ideal. Se percibe en la punta y en los costados de la lengua como un ligero cosquilleo. Así mismo, la cavidad de la boca se siente húmeda, como al morder una manzana.

Los taninos son la presencia de compuestos fenólicos que le dan al vino su toque amargo. Estos los aportan tanto la piel como las semillas de la uva, así como el reposo del vino en la barrica. Los taninos dan al vino balance, complejidad, estructura y lo protegen del avinagramiento con la edad. Es por ello que un buen vino tiene una fuerte cantidad de taninos. Estos se perciben en la parte frontal de la lengua con un gusto amargo que se desplaza a los costados. La característica principal es la sensación de que la lengua se seca.

Algo muy característico de los vinos es que, si bien son hechos de uva presentan gusto a diferentes frutas como fresas, cerezas o moras. Esto lo determina el tipo de uva con la cual se elabora cada vino, pudiendo diferenciarse la varietal de uva elegida.

El cuerpo de un vino tinto depende fundamentalmente de tres factores que son la varietal de la que está hecho, su nivel de alcohol y el proceso de elaboración. Para determinar el cuerpo del vino puedes mirarlo a través de la copa y ver su mayor o menor transparencia. Entre más viscoso sea tiene un mayor volumen de alcohol. Al paladar determinará el tiempo que el sabor se queda en la boca, con lo que un buen vino tinto deberá dejar su sabor por más de 30 segundos una vez pasa a la garganta.